Nº 5

Por quinientos euros extra, Lucas, el tipo que ha montado la cerradura biométrica de huella digital, me envió, en formato de fotos digital, las huellas de todos los que trabajamos allí. La mía también.

El operario no se llama Lucas, pero se parece al pato Lucas1. O quizás es que ambos cecean. Puede ser eso.

—No vale la pena pagar un ziztema de apertura por huella para un archivo al que acceden doz o trez perzonaz. Por un tercio de lo que cuezta le puedo poner una cerradura que ze abra con tarjeta —dice Lucas.

—No me gusta. Cualquiera puede dejarle la tarjeta a otra persona, o perder el bolso con la tarjeta.

—Ze puede hacer una tarjeta para cada una de laz perzonaz que tengan que poder entrar. Quedará grabado en el ziztema cada vez que alguien entre. También puede activar tarjetaz de cortezía al momento. Lo puede hacer uzted o la recepcionizta. Como en un hotel —insiste.

—No, gracias. Quiero la cerradura por huella.

—Pero…

—¡Que no! Pesao, el tío…

Lucas parecía no querer ganarse el sueldo. Un Pato Lucas total, el tío.

—¿El pulgar? Normalmente ez el índice —dijo.

—El pulgar.

—¿Para qué quiere loz archivoz?

—El pulgar de la mano derecha.

—Vale.

Media hora después de aquello compré la grabadora láser, la silicona líquida de alta resolución, probetas de diferentes materiales y 100 cápsulas de metacrilato de 40 mm de esas que se utilizan para guardar monedas de colección. Ayer llegó todo y he estado diez horas sacando moldes de la huella de mi pulgar derecho a partir del archivo que me envió Lucas. He hecho unos cincuenta moldes, con diferentes materiales y profundidad de grabado, y de ellos he sacado, después de algunos fracasos, veinte positivos en silicona. Son una especie de pieles de color blanco translúcido, de un grosor de ochenta micrómetros y del diámetro de una moneda de un euro. He guardado cada una de esas pielecillas en una cápsula de metacrilato y en cada cápsula he escrito con rotulador la configuración de la grabadora y el material que he utilizado. Si utilizo mi propio dedo con alguna de estas prótesis de piel sintética nunca sabré si he desbloqueado mi móvil por ser, precisamente, mi dedo, así que me voy al badulaque2 para que Omar me preste su pulgar. Me doy prisa. Debe estar a punto de cerrar.

—Buenas noches, Apu. No cierres todavía. Tenemos una misión.

—Jesús —dice en ese tono de voz compungida que usa cada vez que me meto con él—, no me llames Apu, por favor. No me gusta. Llámame Omar.

—Eres el indio más tiquismiquis que conozco, Omar.

Se lo digo también porque antes y después de estrecharme la mano se la limpia con gel hidroalcohólico.

—Jesús —otra vez esa vocecilla—, no me llames indio, por favor. Soy paquistaní. Y aquí tocas muchas cosas. Coges el dinero de la gente, que esté sucio. Está lleno de…

—¿Gérmenes?

—¡Eso!

—No seas riidículo, primo.

Digo eso de “riidículo” (/řii ‘ði ku lo/) imitando la voz doblada al español de Balki Bartokomous, el primo lejano de Larry en la serie Primos lejanos3. Siempre me hicieron gracia las voces de Apu y de Balki, alargando algunas vocales. Omar no lo pilla.

—No seas riidículo, primo —insisto—. Sabes que te quiero un montón.

Omar cierra la tienda y nos quedamos dentro con nuestro plan maquiavélico.

Nada. Ninguna de las veinte prótesis han desbloqueado mi teléfono. Mierda. Joder.

Y entonces…

Entonces me viene a la mente el último tipo que detuve y el momento en el que registrábamos sus huellas dactilares antes de ponerlo a disposición judicial. La agente que estaba tras el mostrador le dijo que se pasara el dedo por la frente.

La grasa es conductora de la electricidad.

Omar prueba de nuevo las huellas de silicona pasándolas antes por la cara.

Nada. Nada. Nada. Nada. ¡Y Bingo! ¡Móvil desbloqueado! ¡Lo tenemos!

Probeta número 5. La quinta prueba. N.º 5. Como el perfume de Chanel, sí.

Notas

1Daffy Duck, el dibujo animado de los programas Looney Tunes de la Warner Bros.

2La tienda de Apu, el indio de The Simpsons. Solo se llama así en España el Kwik-E-Mart.

3Perfect Strangers (Dos perfectos desconocidos en Hispanoamérica), la sitcom de los 80-90 de la ABC.


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