Encorsetado

Son las cuatro de la mañana y todo lo que hay detrás de mi corazón me duele a rabiar. A ver si va a tener razón el doctor Hank y tengo que tomarme los analgésicos. Soy muy tolerante al dolor y pensé que esa alerta me protegería, que me diría cosas como “no te agaches”, “no te pongas en esa posición” o “no cojas nada de peso”. Cosas así.

—Muérete ya —dice.

De momento, paso de eso. Miro el comprimido de hidrocloruro de tramadol y paracetamol unos segundos antes de metérmelo en la boca. No soy un yonqui. Ahora sí. Para adentro.

—Este es el corsé —dice una Dakota Johnson1 de poco más de metro y medio.

Creo que arrugo un poco el morro.

—¿No le parece bien? Es el mejor que hay en el mercado.

—¿No lo tienen en otro color?

—¿Le importa el color del corsé?

—¿A usted no?

—No, a mí no —dice la rancia.

—Ya que tengo que llevar esa mierda, preferiría que fuera en rosa.

—Está de broma.

Es broma, pero no es mentira. El artefacto es de un azul oscuro anodino.

Dakota da instrucciones a su ayudante para adaptar la placa metálica del corsé, doblándola aquí y allá, a mi columna. También le pide un taburete. Necesitan casi media hora para ajustar las correas y que todo quede en su sitio

—Agérrese fuerte y aguante el resuello, señorita Escarlata2.

Se rien los dos. Soy muy crac imitando a sirvientas negras y gordas. Todo el mundo me lo dice.

—¿Qué tal? —dice Dakota.

—Me parece un look total para ir a mi club BDSM3.

Se rie, la muy guarrilla.

Notas

1 La actriz y modelo.

2 Adaptación de una de las famosas frases de Hattie McDaniel en su papel de sirvienta negra en Lo que el viento se llevó.

3 Sigla que combina las letras iniciales de las palabras Bondage, Disciplina, Dominación, Sumisión, Sadismo y Masoquismo.


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