De la guerra

Ya. Se ha escrito mucho y se seguirá escribiendo. De la guerra, de batallas, y de peleas en piscinas de barro.

Explica Oriol Junqueras, en su conferencia «L’Onze de Setembre entre la història i la memòria, que Catalunya decide ir a la guerra (y finalmente va) por motivos y con circunstancias que hacen que se pueda tomar esa decisión y que son los motivos y circunstancias que hacen que cualquier pueblo decida ir a la guerra. Escojo la palabra «pueblo» por oposición a las guerras que decide un único dirigente o estamento de la élite.

  1. El motivo es percibido de justicia.
  2. Se percibe que la guerra se ganará.
  3. La guerra sucederá fuera de casa o, mejor aún, lejos de ella.
  4. La guerra será rápida.

En Nolotil, Sintrom, Beretta (libro en corrección y pendiente de publicación) tengo una conversación significativa con Ryan, un compañero exsoldado.

(...) La conversación la capitalizábamos Errol y yo. Teníamos la típica charla de cuñaos en el bar. Cuñaos que tiran de teorías de la conspiración. Pero cuñados cultivados. Cuñados a simple vista.

—La mayoría de la gente —decía yo— no lo ve o no lo sabe, pero estamos en guerra. Para mí es la guerra definitiva, pero eso es porque tengo poca perspectiva, como cualquiera que está en una guerra. Es una guerra de las ideas. Por nuestra mente. Por nuestro futuro.

Estaba yo en esto, es decir, queriendo ser guay delante de mis colegas; haciéndoles ver lo mucho que sé de todo y revelando la clave de lo que nos está pasando; siendo, en definitiva, un buen cuñao; y entonces... entonces veo que Ryan, desde dos metros de distancia, pone esas cara. Esa cara sonriente de "no tienes ni puta idea". Y yo capto ese momento, y como me he hecho el curso de "Cómo empatizar hasta con una piedra", pongo en práctica mi sabiduría.

—Ryan, ¿qué? ¿estás de acuerdo?

Ryan resopla, pone los ojos en blanco y acomoda la hernia discal de la espalda. No deja de sonreír ni un segundo.

—Dices todo eso...
—¿El qué? —digo, interrumpiéndole.
—Dices eso de la guerra... porque nunca has estado en una.

Se produce un silencio

—Nunca has estado en una. No sabes lo que es una puta guerra.

Podría haber argumentado. Yo, quiero decir. Yo podría haber argumentado. Hay muchas guerras y yo he estado en algunas. Pero tiene razón. Él habla de la guerra de verdad, de matar enemigos anónimos y que se te mueran hermanos en los brazos.

—¿En cuántas has estado tú? —le pregunto— Dime la verdad.
—Tú no puedes encajar la verdad.


Hará unos treinta años en cualquier formación de ejecutivos agresivos se enseñaba El Arte de la Guerra , de Sun Tzu, uno de los mejores o el mejor libro de estrategia de todos los tiempos. Del (año arriba o abajo) siglo V a. C. Es un libro cortito y muy fácil de leer, pero con una densidad de sabiduría enorme. Es el libro que más he regalado y que cualquiera debería tener al lado de la taza del váter. Junto a las Meditaciones de Marco Aurelio, claro.

“La mejor victoria es vencer sin combatir”, dice Sun Tzu, Y lo que tú ya sabes es que la pelea más difícil es contra uno mismo.



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