Cuando acaba, ponen una de 007. Tomorrow Never Dies1.

Val me dice por Whatsapp que están listas en cinco minutos. Joder. A mí se me ha ido el santo al cielo. Es hora de irse. Me doy una ducha rápida y me cambio de muda y de camisa. Bond insufla aire a Wai Lin, y la salva de morir ahogada, con un beso en la boca, y yo llamo a recepción para pedir un taxi para dentro de cinco minutos.

Las chicas están preciosas. Valeria está radiante y Marina un poco menos. Se han vestido igual, con el mismo vestido camisero gris grafito, con falda ancha hasta la rodilla; medias negras bastante tupidas y botas de montar, también negras. La única nota de color son los pendientes que imitan flores de cerezo. Bueno, y las cabelleras rubias. Y los labios rojo Dior. Es el rojo que utiliza Judit. En cinco años con Valeria le pedí miles de veces que se pusiera falda para mí y solo lo hizo tres y a regañadientes. Nunca se pintó los labios. Para mí, digo. Qué hija de puta.

—Dilo —dice Valeria, con su típica sonrisa de modificar el espaciotiempo—. ¡Vamos! ¡Dilo!

—Eres una hija de puta.

No, no lo digo. Lo pienso, pero no lo digo. Lo digo en mi cabeza y Jean, el novio de Uhla, me dice que no. Que no es eso lo que tengo que decir. Ah, eso. Ya lo tengo.

—¡Estáis radiantes!

Las chicas hacen una especie de posado. Valeria mete las manos en los bolsillos del vestido y Marina se agarra el cuello vuelto abriendo y cerando las puntas. El vestido va abotonado al frente desde el medio escote hasta el cinturón, hecho del mismo tejido que el propio vestido y el taxi lleva esperando cinco minutos.

—No lo digas.

—Que no diga qué, Jean.

—No es el momento, espera un minuto.

En mi mente, Jean habla un perfecto castellano.

—¿Qué es lo que tengo que esperar un minuto a decir porque ahora no es el momento, Jean?

—Están esperando que les digas lo estupendas que están. No les vengas con prisas porque el taxi está esperando.

—Ya les he dicho que están radiantes.

—Más. Diles algo agradable. Otra vez. Más.

Esto es como cuando Woody Allen recibe consejos de Humphrey Bogart en Sueños de un seductor2.

—¡Estáis guapísimas y muy elegantes!

Marina símplemente sonríe, pero Valeria me mira sorprendida. De hecho, creo que exagera esa expresión de “¡joder, eso es un puto braquiosauro?” al más puro estilo de la paleobotánica Ellie Sattler en Jurassic Parc3.

Notas

1 Con Pierce Brosnan. De 1997.

2 Play It Again, Sam, en inglés, la peli de 1972 de Woody Allen.

3 La icónica escena protagonizada por Sam Neill y Laura Dern en la peli de 1993 de Steven Spielberg.


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