Mi hígado necesita agua. El chaval debe estar pidiéndosela a todos los demás organismos, incluído el cerebro, para poder procesar y deshacerse de la anestesia. No sabes lo buena que es el agua hasta que estás deshidratado. Me bebo medio litro del tirón.
Mis huevos necesitan hielo. Cojo una bolsa de gel del congelador y me la pongo dentro de los calzoncillos. Son unos calzoncillos de buena calidad, pero no mantienen la bolsa en su sitio, así que me pongo encima mis mallas cortas de correr. Me miro al espejo. Tengo un aspecto realmente ridículo con este paquetón.
Mi hipotálamo necesita paracetamol. Me tomo dos; uno por cada huevo. Mi lógica es irrefutable.
Mi cerebro necesita azúcar. La grasa abdominal que adorna mi cintura no. Mi cerebro.
Levanto la lama de parqué que tapa el escondrijo que he excavado en el suelo y saco de ahí la caja metálica. Es una caja de munición, de las que utilizaba el ejército americano en la Segunda Guerra mundial. Libero los dos cerrojos de alta resistencia y abro la tapa. Seis pasaportes, seis documentos de identidad, seis carnés de conducir, seis tarjetas sanitarias, varios fajos de billetes, cajas de cartuchos del 91, la Beretta 90-Two que me regaló Pilar2, la cajita de hojalata de Altoids con las guías de las armas y las placas policiales, la petaca de whisky, el pack de tabaco y el kit sanitario. Y el bote de Chupa Chups. Cojo el de cacao y vainilla, mi favorito, que guardaba para una ocasión especial
En realidad no, pero hubiera molado. Quiero decir que no tengo una caja militar escondida en el suelo. Peliculero, sí.
Saco el bote de Chupa Chups del armario de la cocina donde guardo las especias. Entre la cúrcuma y la pimienta. Cacao y vainilla, ahora sí.
Aquella frase de Zamme. Eso de “bloqueado por jugar”, hace rato que está dando vueltas en mi cabeza. No. Más que dar vueltas, la frase choca contra la cara interna de la corteza cerebral de mi cerebro y sale rebotada hasta darse de narices contra otro punto de la pared del lado opuesto y así hasta el infinito. Como la bola en una partida de Pong3 a toda leche en el que los jugadores no fallaran nunca.
Toc. Bloqueado por jugar. Toc. Bloqueado por jugar. Toc. Bloqueado por jugar. Toc. Bloqueado por jugar. Toc.
Así.
Me tumbo en la cama, boca arriba, con las piernas abiertas. Tengo el caramelo del Chupa Chups en la boca y juego con el palo como si fuera el joystick de una arcade. Bloqueo cada intento de la bola del Pong de joderme el cerebro, Stanislavski4 estaría orgulloso de mí.

Bloqueado por jugar.
Jugar.
El trabajo que tengo entre manos necesita una estrategia. Se me ocurre que quizás un experto en teoría y diseño de videojuegos puede ayudarme. Y conozco al mejor. Conozco a Teo. Y recuerdo su número de teléfono. Le llamo y con contesta. Es normal. Tengo que llamarle 5 veces. 1, 2, 3, 4 y 5. Ahora sí.
—¿Ganó el guarro con qué guarro?
—¿Con qué guarro ganó?
El mismo santo y seña y la misma puta contraseña desde hace más de veinte años. Se me ha puesto la carne de gallina.
—¿Es segura?
—Es segura.
La línea es segura. Le compré el teléfono, un SPC Talk de 20€, a Kamal, el camarero que todas las noches me servía una cerveza, al acabar el servicio, en el bar de al lado de comisaría. Está todo a su nombre y su nombre en el de nada. El bangladesí tiene varios teléfonos de estos de casi usar y tirar. Me temo que no se llama Kamal ni se gana la vida solo sirviéndome birras.
—¿Qué es de tu vida, hermano?
Teo y yo nos ponemos al día. Yo le cunto el trabajo en el que estoy metido y no le cuento que uno de los anteriores va a hacer que me quede sin pelotas.
—No veo claro —dice— cómo vamos a conseguir que esa tipa se enamore de ese tipo aplicando técnicas de gamificación, aunque seguro que las podemos aplicar al método de trabajo que utilicemos.
“Vamos a conseguir”. “Las podemos aplicar”. Habla en plural. Se ha metido en el equipo. Eso ha sido como tomarme el resto de la caja de paracetamol.
—Déjame darle un par de vueltas —dice.
—Dale. Te quiero, hermano.
—Te quiero.
Lo normal sea que su “par de vueltas” den como resultado un plan muy desarrollado con un diagrama de flujo digno de enmarcarse. Me duelen los huevos, joder.
Notas
1 9 mm Parabellum.
2 Arma y personaje de Nolotil, Sintrom, Beretta.
3 El videojuego clásico.
4 Creador de “el Método”, conjunto de técnicas y ensayos que buscan fomentar actuaciones teatrales sinceras y emocionalmente expresivas.

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