Yo también tengo ese rincón en el que, cuando se construyó la casa o se le hizo aquella reforma, se guardaron materiales que sobraron. Por si había que hacer alguna reparación.
-Varias latas y un par de bidones de pintura.
-Cajas y cajas de baldosas.
-Placas de escayola.
-Una madeja de esparto
-Siete lamas y media de parqué.
-Y veintiocho mierdas diversas más.
Ahí está todo, en ese altillo del patio interior. Hasta hoy. Voy a sacar toda esa mierda y tirarla. Todo fuera. Quédense ahí que vuelvo en un rato. Ya. Catorce sacos de escombros. Ha sido una matada1, pero ha valido la pena. Ha quedado espacio más que suficiente para meter ahí cosas que me están estropeando el feng shui.
-La caja del aire acondicionado portátil (“guárdela por si tiene algún problema. No aceptamos devoluciones sin el embalaje original”).
-La estufa a gasoil absolutamente sobredimensionada que compré para la camper2 y que puedo adaptar para calentar el hangar de un 747.
-Batty, la batería AGM de 120Ah que se ha quedado corta al lado de la nueva, de Litio, de 200Ah, y que utilizaré para… lo que sea.
Pesa un cojón, la puta batería. 27 kilos. Un kilo más que una bombona de butano de las grandotas. Hay algo que tendría que haber tirado antes al contenedor. Esta escalera de aluminio. Cuando estoy en en último peldaño con Batty en mis brazos la escalera cede. Y me caigo. Me caigo de pie. Mis 85 kilos y los 27 de Batty.
Y de aterrizar sobre la planta de los pies a irme al suelo a cuatro patas. Con gemido incluido.
Con “joder” y “mecagoenlaputa” incluido.
La espalda me duele. Mucho.
Estoy seguro que no me he golpeado con nada. Ha sido una caída límpia de pie. Con los dos pies. A lo Nadia Comaneci en Montreal 76, pero sin su gracia. Ni coleta en el pelo. Ni aquel maillot tan molón. Ni aquella sonrisa embaucadora de “joderos, mundo; sois míos”.
—Madre: evaluación de daños3.
Me tomo dos minutos. Duele un cojón. Levanto, muy lentamente, extendido, el brazo izquierdo. Duele lo que dolía. Ni más ni menos. Vuelvo la mano al suelo y levanto el codo hacia atrás. Lo mismo. Pruebo con una pierna. Llevo la rodilla hacia el pecho. Estiro la pierna hacia atrás. Nada nuevo bajo el sol. Igual con la otra pierna. Arqueo la columna hacia arriba y hacia abajo. Gato y vaca4. Nada. O sea, sí: duele muchísimo, pero es un dolor interno que puedo localizar más o menos en el corazón. Como una herida en el amor propio, más o menos. Hincho los pulmones al máximo y los desinflo. No parece haber ninguna rotura muscular, ni de costillas. Sé lo que es tener una costilla menor fisurada y casi no puedes respirar. Supongo que he sufrido la típica contractura muscular que protege la columna. Como cuando el hijo de puta aquel se despistó y empotró el morro de su coche contra el culo del tuyo. Sea como sea… ¿He dicho que duele?

Gateo hasta la cama como una sumisa a la que le hayas puesto un collar. Me subo y me tumbo boca arriba. Estoy en la mierda. Como me enfríe aquí no podré levantarme y alguien va a encontrar mi cadáver momificado o putrefacto. Espero que sea algún colega de Asuntos Internos, de Hacienda o de la Interpol; ya puestos.
—¡Jefe! ¡Lo tenemos! ¡Podemos reabrir el expediente de Bordas! ¡Espere! No… Negativo. Mensaje erróneo. Repito: mensaje erróneo.
Ni de coña. No pienso permitirlo. Si me trincan que sea vivito y coleando, poniéndome las esposas y compartiendo celda con algún moro que haya robado un móvil en el Raval y al que le huelan los pies.
Suena el móvil. Es Zamme.
—¿Que dice?
—¿Qué hace?
—No vas a creerte lo que me ha pasado.
Pues sí. Se lo cree.
—No puedo ir al hospital. Lo del escondrijo en el suelo donde guardo seis tarjetas sanitarias es mentira. No puedo ir al hospital con mi identidad.
—Ve al hospital.
—No.
—Porfa.
—No.
—Eres más tozudo que una mula.
—Chi.
Notas
1 Trabajo duro, en argot.
2 Furgoneta adaptada a vehículo vivienda.
3 Mother (o MU-TH-UR 182), la IA de la nave Nostromo de Alien.
4 Nombre que tienen estos ejercicios de estiramiento de la columna en Pilates y otras disciplinas.

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